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Pon un pony en tu vida para sonreir

Por mucho que la medicina evolucione hay algo que los tranquilizantes ni las mejores pastillas pueden hacer para mejorar el ánimo de un paciente, y para ello, nada mejor que un pony.

Karl Holmen, un noruego de 89 años, estuvo toda su vida rodeado de caballos. De hecho no concebía su vida sin ellos, pero los achaques de la edad hicieron que tuviera que alejarse de ese mundo llegando a tener que ser trasladado a una residencia.

El no poder visitar a los caballos comenzó a entristecer a Karl tanto que no tenía ganas de nada.

Su nieta Susan veía cómo su abuelo cada vez se entristecía más, y casi no tenía ganas de comer ni de hacer nada.
Por ello, y tras darle muchas vueltas pensó…

Si mi abuelo no puede ir a ver a los caballos ¿por qué no van ellos a verle?

Esta idea que para muchos podría significar un principio de locura fue muy bien aceptada por los directores de la residencia de Karl, los cuales estaban desesperados por dar solución a la situación en la que se encontraba el hombre.

Así que dieron carta blanca a Susan, aunque con una condición, tendría que ser un caballo pequeño ya que por seguridad de los pacientes y del animal dentro de las instalaciones no podría entrar un animal muy grande.

Por ello Susan seleccionó a uno de los ponys del establo de su abuelo, el más pacífico y a uno de los que más quería, y se fue con él a visitarlo a la residencia.

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Cuando Bolla hizo su triunfal entrada Karl no podía creer lo que veía, sus penas se fueron en un instante y se centró en el animal.

¡¡Pero no sólo eso!!

La visita de Bolla marcó también a los demás residentes de la residencia, tanto que cada 15 días Bolla vuelve a la residencia a saludar y a hacer la vida un poco más diferente a todos los que allí residen.

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El equipo de Guau Post está formado por activistas por el bienestar animal, entre los que se encuentran periodistas, veterinarios, educadores, fotógrafos, escritores...

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